Un año después de los atentados, ¿hay que temer el islam?

Por Pierre Jeanson
Especial para Francia Hoy

El 13 de noviembre de 2015, París y Saint-Denis sufrieron atentados sangrientos, que enlutaron a Francia. Desde entonces, el Dáesh golpeó varias veces, matando a centenares de víctimas, en Niza, en Saint-Étienne-du-Rouvray y en otras partes… Ante semejantes atrocidades, que dañaron a muchos inocentes, entre los cuales hubo niños, ¿cómo no indignarnos?

En la era de la globalización y de la mediatización, vemos que el islam se desarrolla en Francia y que el islamismo hace estragos en nuestro país y en el mundo entero. De vez en cuando se oyen aquí y allá unos discursos alarmistas según los cuales el islam sería una religión intolerante, conquistadora y peligrosa. Si eso es verdad para algunas corrientes, como el salafismo, ¿es el caso del islam como tal?

¿Qué es el islam?

Entonces, Francia ha sufrido muchas tragedias desde hace dos años. Como reacción, el gobierno ha establecido el plan Vigipirate, poniendo ese sistema de alerta a su nivel más elevado, llamado «Alerte attentat» («Alterta atentado», en español). En la entrada de los lugares públicos, las fuerzas de seguridad comprueban nuestras mochilas para ver lo que llevamos dentro. ¡Gracias a nuestros policías y a nuestros militares por todo el trabajo que hacen para protegernos!

Mas detrás de ese terrorismo que se encomienda a la religión musulmana, ¿hay que temer al islam? ¿En qué consiste realmente ese sistema de pensamiento?

Así como el judaísmo y el cristianismo, la fe islámica se encomienda al Dios de Abrahán, y el Corán les da a los judíos y a los cristianos el nombre de «gente del Libro». También les pide a los musulmanes que respeten a esos creyentes. La mayor diferencia con el cristianismo es el papel de Jesús. Para los musulmanes, es un profeta muy importante a quien Dios le ha dado muchos poderes y que hizo numerosos milagros. Pero no lo consideran en ningún caso como el Hijo de Dios, y todavía menos como Dios mismo. No obstante, ambas religiones tienen numerosos puntos en común: el sentido de la familia, la hospitalidad, la atención a los más pobres, el control de la sexualidad, el ayuno, la oración, la adoración, por mencionar tan sólo algunos ejemplos. En efecto, si algunos hombres cometieron algunos actos bárbaros en nombre del islam, la gran mayoría de los 3 a 5 millones de musulmanes de Francia son pacifistas y no piden más que vivir en paz en una sociedad democrática y laica. En efecto, existen dentro del islam distintas escuelas de interpretación del Corán, como el cristianismo se compone de varias confesiones que interpretan la Biblia de diferentes maneras. Si los musulmanes pueden ser sunníes, chiíes o jariyíes, esas tres familias se componen de numerosas corrientes.

Radicalismos

Entonces es una pequeña parte de los musulmanes la que se basa en una lectura fundamentalista del Corán, tratando de imponer un islam político. Se llaman los «islamistas». El islam político se organiza en movimientos a veces contradictorios y rivales. Algunos de sus partidarios viven su fe en su rincón, otros hacen política, y sólo una pequeña parte de ellos recurre a la violencia. Son ellos los llamados «yihadistas». Hoy en día, esos extremistas siembran el terror en Siria, en Irak, pero también en Libia, en Nigeria y en Camerún.

En lo que a mí respecta, me ubicaba en París durante la noche del 13 de noviembre de 2015. Mientras que los terroristas tiroteaban por las calles, yo estaba en seguridad en el metro. Conectadas en sus smartphones, las personas en los andenes se informaban sobre el balance de las víctimas, que iba creciendo cada vez más. En la residencia universitaria en la cual vivía en Cergy, tal vez la mitad de los estudiantes sean musulmanes, y ellos estaban tan afectados como los otros, y probablemente todavía más. En efecto, entre todos los discursos que oí sobre esos acontecimientos, los que condenaban a los autores de los atentados con más virulencia venían de musulmanes, ya que dice el Corán: «quien mata a una persona sin que ésta haya cometido un crimen o sembrado la corrupción en la Tierra es como si matase a toda la humanidad.» (5.32).

Entonces, ¿por qué los yihadistas actúan así en nombre de la religión musulmana? Su objetivo es crear hostilidades entre nosotros y provocar una guerra mundial entre los musulmanes y las demás personas. En efecto, al sembrar el terror, esperan difundir el miedo al otro. Su meta es hacernos hostiles a los musulmanes, para que éstos se sientan rechazados y entonces estén más sensibles a las ideas islamistas. Y desgraciadamente, eso funciona.

Hacia una sociedad de convivencia

Si se vive en el respeto de las convicciones del otro y sin proselitismo, el diálogo interreligioso permite construir la paz. Incluso es el mejor recinto contra todos los extremismos. En definitiva, considero que no hay que temer el islam. Por lo contrario, ¡interesémonos a esa religión! ¡Vayamos al encuentro de los musulmanes! Ayudemos a los inmigrantes que llaman a nuestra puerta y dialoguemos, enriquezcámonos mutuamente para construir juntos una Francia en la cual todo el mundo pueda vivir en paz con su hermano. Terminaré citando el mensaje de texto que mi madre nos mandó a mi hermana y a mí por la mañana del sábado 14 de noviembre de 2016: «¡Acordaos de que el mejor modo de luchar contra el mal es hacer el bien!»

Versión completa en francés y español en http://delirsdelinguiste.blogspot.fr/2016/11/un-ano-despues-de-los-atentados-hay-que.html

Relectura de la versión española: Ana María García Olmedo 

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