Una crónica de días tristes

Creo que es una de mis crónicas más difíciles. La he pensado ya varias veces y creo que terminaré haciendo lo que todos hacen aquí por estos días, repetir y repetir como nos encontró, como seguimos, como cambió todo o como seguimos queriendo que nada cambie.

Ese viernes me levanté como todos los viernes, sabiendo que tengo que trabajar por la noche y que necesito descansar bien para eso. Sabía que me perdería una parte del Francia-Alemania porque estaría en el métro pero intentaría ver el resto en mi hostel. Y, efectivamente, fue así. Luego de llegar y ponerme al día con las novedades del trabajo puse el partido aprovechando que también había un grupo de estudiantes belgas que les interesaba verlo.

Ya ni recuerdo la hora. Sé que la he visto cientos de veces en los diarios. Pero creo que eran cerca de las 21hs. cuando la maldita aplicación de Le Figaro me avisaba: “Detonaciones en los alrededores del Stade de France”. Si no hubiera tenido el televisor silenciado seguramente las hubiera escuchado. Cambié de canal y a partir de ese momento ya nada fue igual.

Dos reacciones fueron las que tuve durante esas largas horas de tensión. En simultaneo, informar a los clientes del hostal sobre lo que sucedía recomendandoles no salir afuera; y empezar a publicar en las redes sociales toda la información que a toneladas empezaba a recibir. Curioso que recién media hora después de comenzados los eventos yo enviaba apenas un mensaje a mi familia diciendo: “No se preocupen, estoy en mi trabajo, estoy bien”.

12208802_10206185318526068_4860834468382015625_nLo que siguió no fue mas que el aumento de la tristeza y y la desgraciada sorpresa con la que todos observábamos las noticias. gente corriendo por las calles, disparos por todos lados y una cifra de muertos que cada medio se encargaba de aumentar como si de apuestas se tratara.

A más de quince días de los atentados en París lo que me queda es mucho mas que la cifra de 130 muertos y mas de 500 heridos. Como lo dije en varios momentos, me quedan dos sentimientos, dos vivencias totalmente contradictorias. Por un lado haber vivido una experiencia profesional, periodística, inolvidable en la que mi imagen y nombre llegaron a conocerse en media Argentina. Y por otro lados, esto. El golpe a esta nación que tanto amo, el intentar salir adelante junto con los demás que siento tanto o mas de lo que yo siento. El salir a la calle y sentir en el ambiente que vivo en un duelo en el que todos quieren estar. El emocionarme por ver que aun golpeados muchos franceses y francesas intentan seguir con esta tensa calma o aparente normalidad en la que vivimos.

“¿Cómo es el estado de ánimo de la gente?”, me preguntaban en la tele y en la radio. Y era tener que repetir cien veces lo mismo como quien pierde a un ser querido sin saber por 12239563_10206185316446016_7322279931481421876_nqué. Los franceses no esconden su miedo, mucho menos su tristeza y su dolor. Pero ante eso tienen algo que los hace mucho mas fuertes: la unión y la voluntad de querer salir adelante cueste lo que cueste. Y eso es algo que, por suerte también se respira, también se contagia. Mientras tanto sólo nos queda resistir y aprovechar cada minuto que tenemos en esta vida. Por mi parte, seguiré tratando de hacer el mejor periodismo que pueda porque las pasiones nunca mueren aun cuando es el alma lo que duele. Y también seguiré estando ahí, con mis amigos en los bares, en las calles, en las plazas brindando, gritando, jugando. En fin, sacandole el jugo a la libertad tanto como su pueda.

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